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León FR TDI vs Mazda 3 2.2 CRTD Badalona Cataluña

Sus potentes motores turbodiesel de última generación nos hacen disfrutar de prestaciones impensables hasta hace pocos años. Conozca las comparaciones del León FR TDI vs Mazda 3 2.2 CRTD...

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León FR TDI vs Mazda 3 2.2 CRTD

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Desde el punto de vista estético apreciamos diferencias notables entre nuestros rivales de hoy. El Mazda es bastante más discreto sobre todo si escogemos un color neutro como el de la versión probada. Tan sólo sus pilotos con carcasa transparente y un pequeño alerón sobre el portón, dan un toque algo más racing. En el extremo opuesto está el León, que en su versión FR es pura atracción. A su color naranja se une el contraste que provocan las llantas -opcionales- acabadas en color negro. Doble salida de escape cromado, frontal con acabado tipo nido de abeja y carcasa de los espejos retrovisores dorada completan este importante apartado.

Por dimensiones, el Mazda es más largo que el León -4,46 metros contra 4,32- aunque esta diferencia no se traduce en una mayor habitabilidad, sobre todo en las plazas traseras. En este apartado, sí hay diferencia en altura, ya que el japonés ofrece más espacio, aunque en contrapartida el tercer pasajero -el que va sentado en el centro- tiene menos hueco para las piernas debido a la consola central que sobresale en exceso. El León en este aspecto es más equilibrado, aunque lo ideal para viajar con comodidad es que sean dos personas las que vayan en los asientos traseros.

Carácter interior

Sentados al volante no se aprecian diferencias tan acusadas como en el exterior. Comenzando por el Mazda, la instrumentación está orientada hacia el conductor debido a las esferas circulares que cierran mucho el campo de visión. La posición al volante es correcta gracias a los múltiples reglajes del volante en altura y profundidad. El cambio está elevado y muy a mano. Lleva el sello ‘de la casa’ es preciso y con unos recorridos cortos que permiten manipularlo con rapidez algo de agradecer dado el carácter bastante deportivo del coche.
La consola central está bien resuelta, aunque la función de los botones no queda muy clara a primera vista, algo que también ocurre con los mandos situados a la izquierda del volante. Asimismo, la pantalla multifunción situada en la parte alta del salpicadero incluye un navegador con un monitor de poco más de cuatro pulgadas. Su buena resolución y nitidez facilitan su lectura, aunque está situado lejos de la vista del conductor y no es todo lo visible que debiera.

Más radical

En cuanto nos dejamos caer en los asientos del León dan ganas de arrancar el motor. Al sentarnos el cuerpo queda literalmente encajado, el mullido es duro y el respaldo recoge muy bien dado su diseño tipo bacquet. El volante es bastante más gordo que el del Mazda y está achatado en su parte baja e incluye una inserción en aluminio, material que también se aprecia en los pedales y en el cerquillo del cambio.

En cuanto a las motorizaciones, ambos modelos son el tope de gama. El propulsor Diesel 2.2 del Mazda es más nuevo que el ya conocido TDI de Seat –aunque en esta ocasión equipa common rail y no inyector bomba–. En el caso del japonés, esta variante de 185 caballos ya se monta en el 6. Se trata de un bloque de 2.200 centímetros cúbicos contra 1.900 del Seat León. Aquí no acaban las diferencias, ya que además ofrece 15 caballos más. Lo cierto es que el motor del Mazda se muestra más lleno, mientras que el propulsor TDI se muestra algo más vacío en el bajo régimen.

Más diferencias

Nada más acelerar llama la atención el empuje del motor del Mazda. Desde bajas revoluciones hay potencia suficiente, algo no siempre habitual en los modernos propulsores turbodiésel. Seguimos aumentando las revoluciones y el bloque se muestra lleno hasta las 5.000 vueltas, donde ya comienza la zona roja. Y es que no podemos olvidar que 185 caballos son muchos y si el cambio está bien escalonado la ‘sensación’ de contar con potencia siempre es una constante en la conducción.

En este sentido los 15 caballos menos con que cuenta el propulsor del León se notan. No es tan elástico como su competidor y es por encima de las 2.500 revoluciones cuando ofrece potencia de verdad. No estira más que el Mazda porque el cambio DSG es más intrusivo y justo al llegar a las 5.000 revoluciones cambia a una marcha superior para evitar el sobrerrégimen, aunque es toda una experiencia acelerar a fondo e ir cambiado de marcha con las levas en el volante. La caja DSG es muy rápida y ofrece un gran plus de carácter. Sin duda es una opción muy recomendable y útil en conducción deportiva.

Por comportamiento, el Mazda se muestra muy ágil y deportivo, tanto que al acelerar a fondo en marchas cortas la dirección ‘busca’ y se hace muy nerviosa, algo que también ocurre a alta velocidad y que exige un cierto ‘entrenamiento’. Por ello, en este apartado el León es más noble y predecible en sus reacciones gracias, en parte, al dispositivo XDS que en combinación con el control de tracción limita las pérdidas de adherencia en curva. Funciona como un diferencial pero no mecánico sino electrónico. En definitiva, dos GTI de cuatro puertas y Diesel, quién lo iba a decir.

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