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Audi R8 V10 vs Porsche 911 GT2 Valencia Valencia

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Audi R8 V10 vs Porsche 911 GT2

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Todas las cifras de partida en estos dos automóviles provocan vértigo. Sus motores con potencias superiores a los 500 caballos y velocidades superiores a los 300 km/h aseguran prestaciones de locura. Efectivamente, tanto el Audi R8 como el Porsche 911 GT2 son dos súper deportivos sin concesiones. Hasta aquí llegan sus semejanzas, ya que se trata de modelos muy diferentes tanto por concepción como por comportamiento y carácter.

Distinta concepción

Una de las diferencias clave la encontramos en el motor. El R8 emplea un bloque de diez cilindros, atmosférico y con inyección directa, mientras que el GT2 monta un propulsor de seis cilindros, con dos turbos de geometría variable e inyección directa. Ambos ofrecen una cifra de potencia muy parecida, por encima de los 520 caballos, pero un comportamiento diferenciado. El Audi se muestra más ‘tratable’ con una mayor elasticidad y una potencia más aprovechable. El GT2 es puro nervio sobre todo a partir de las 4.000 revoluciones.

Sobre el papel las diferencias entre ambos modelos continúan. El R8 ofrece tracción integral y cambio automático de seis velocidades. El Porsche propulsión trasera y cambio manual, también de seis marchas.

Sensaciones puras

Llega entonces el esperado momento y nos sentamos al volante. La posición de conducción sí es bastante parecida en los dos. Vamos situados muy bajo, más en el R8 donde parece que estemos literalmente en el suelo. Los asientos tipo bacquet ya nos adelantan que estamos en coches racing, algo que también sucede nada más arrancar los motores. El sonido contundente de los propulsores desde el ralentí es toda una experiencia sensorial.

Comenzamos por el Audi. El cambio automático que montaba la versión de pruebas facilita mucho las cosas en conducción deportiva. Tiene dos modos de funcionamiento, normal y deportivo. En cualquiera de las dos opciones se trata de un cambio un poco brusco, sobre todo en aceleraciones fulgurantes. Por su parte las levas en el volante son muy cómodas y están muy a mano.

Efectivamente, lo que más llama la atención en el R8 nada más ponerse al volante es la capacidad para ir rápido. Aceleras a fondo, cambias de marcha con las levas y el coche sale literalmente propulsado sin que apenas se produzcan pérdidas de tracción.

Es destacable la capacidad del V10 para subir hasta las 8.700 revoluciones y el sonido que acompaña ‘todo el proceso’ es una verdadera experiencia. Una pasada. El sistema de tracción aporta un plus de seguridad sensacional, a lo que se une el motor colocado en la parte trasera en posición central y el autoblocante con acoplamiento viscoso. En condiciones normales se comporta como un tracción trasera, ya que el eje posterior obtiene un 85% del par disponible, aunque en caso necesario el delantero puede recibir hasta un 30%. Impresiona además la velocidad de paso por curva y la perfecta adecuación a la carretera gracias a la suspensión electromagnética que permite modificar con un botón el tarado de los amortiguadores. La dirección hidráulica y de cremallera hace el resto al aportar precisión y rapidez.

Más radical

Tras una primera impresión con el R8 decidimos emprender la marcha con el 911 GT2. Desde un primer momento quedamos inmersos en la atmósfera Porsche y los ‘recuerdos’ a 911 son constantes. El tacto del volante y del cambio son mejores que en el Audi gracias a la terminación en piel vuelta, aunque ésta es la única concesión al confort. Y es que el Porsche es bastante más rudo tanto por comportamiento como por concepción. Así, nada más arrancar, el sonido que trasmite el propulsor desde el ralentí es más contundente. El sistema de escape Akrapovic promete sensaciones desde parado y no defrauda. Para aprovechar todo el potencial en aceleración decidimos recurrir a una larga recta dado el ‘singular’ carácter de los Porsche con propulsión.

Así, al acelerar a fondo comprobamos el nerviosismo del tren trasero que desde un primer momento ‘avisa’ al conductor ‘de lo que tiene entre manos’. A medida que cogemos velocidad la situación se normaliza y el motor empuja que es una barbaridad, sobre todo a partir de las 4.500 revoluciones cuando nos acompaña un sonido bestial. Es necesario entonces sujetar con fuerza el volante y concentrarse al máximo en mantener la trazada ya que el tacto de la dirección se vuelve un tanto delicado. Todo ello se debe a la particular colocación del motor descolgado detrás del eje trasero. Son 530 caballos ‘atrás’ y eso se nota, a pesar de la ayuda de los controles electrónicos de tracción y estabilidad, fundamentales ante tamaño potencial.

Por otro lado, el cambio manual es muy preciso y rápido, aunque la dureza del embrague en nuestra unidad de pruebas exigía prestar la máxima atención para que todo discurriera con ‘normalidad’.

Puro carácter

Otra de las principales diferencias entre ambos modelos radica en ese punto: la facilidad de conducción. Con el R8 es mucho más fácil ir rápido. El Porsche exige una absoluta concentración, ya que sus reacciones son mucho más radicales, aunque en este punto es conveniente aclarar que el GT2 probado había estado rodando en circuito previamente y el estado de sus neumáticos no era óptimo.

De todas formas el ‘carácter Porsche’ es uno de los plus que buscarán los potenciales clientes de un vehículo como el GT2, el Porsche más rápido homologado para carretera. Esto no sucede con el R8 un vehículo nuevo con mucha menos tradición y una estética absolutamente rompedora y futurista.

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